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Mas de un siglo de tradición joyera

Muy escasos son los establecimientos comerciales que tengan el honor de haber desarrollado su actividad, de manera ininterrumpida, a lo largo de todo un siglo.


  Uno de ellos es posible encontrarlo en pleno corazón de la villa llanisca. Se trata de la Joyería Cuende, ubicada en plena Plaza del Ayuntamiento, a los pies de un antiguo edificio cuyos gruesos muros de mampostería han sido testigos de más de 500 años de la historia de Llanes.

En pocos días, la entrada del 2010 le brindará la oportunidad de comenzar a celebrar como se merece una ocasión tan especial como es su centenario.

Un siglo de vida, cuatro generaciones de úna misma familia al completo servi­cio del diente, y un sello que ofrece, de manera inequívoca, la máxima garantía de calidad en toda su amplia gama de productos. Aunque algo escueta, esta podría ser una buena forma de definir a uno de los establecimientos más repre­sentativos y arraigados de cuantos se ubican en la villa llanisca. Nos referi­mos a la Joyería Cuende, que en poco más de una semana comenzará a celebrar un acontecimiento tan importante como la conmemoración de sus cien años de existencia.

Aquellos que pretendan indagar algún detalle más acerca del origen de este ne­gocio deberán acompañamos a través de un viaje en el tiempo hasta 1910.

Lola Cuende PachecoUn año en el que, por primera vez, el Gobierno español autorizaba a las muje­res el acceso a la universidad, y también permitía el culto público a cualquier re­ligión. Más allá de nuestras fronteras, México iniciaba su revolución armada, y los astilleros irlandeses Harland & Wolff se afanaban en la construcción del Tita­nic, el malogrado y más grande barco de pasajeros de la época.Pero, volviendo a la historia que nos ocupa, aquel año de 1910 arribaba a Lla­nes Nicasio Cuende, un relojero santan­derino que había aprendido su oficio junto a los más prestigiosos especialistas de la capital cántabra. Nada más llegar, puso en funcionamiento su relojería en el centro de la villa, en la plaza del Ayun­tamiento y justo en frente del Casino, comercio que ese mismo año abría sus puertas al público. Nicasio había enviu­dado y era padre de una niña. Se trataba de Lola Cuende Pacheco, que a la edad de 16 años se trasladaba también a Lla­nes para regentar el negocio familiar junto a él.

"Cuando le contaba a alguien que era relojera me decían que eso era imposible, que no existían", recuerda Loles, que fue pionera en un oficio tradicionalmente de hombres

Sólo seis meses después de este reen­cuentro, corría el año 1937, Nicasio fa­llece. Lola se queda sola en plena Guerra Civil y es entonces cuando aparece en escena Juan Gómez Puente. Este, tam­bién santanderino, conocía perfecta­mente el arte de la relojería, pues había sido discípulo del propio Nicasio.

Juan había llegado a Llanes para sacar adelante el negocio de Lola, pero pronto surgiría algo más entre ellos, de manera que terminarían contrayendo matrimo­nio. Fruto de esta unión, nacieron María Dolores y Juana Mari Gómez Cuende.Juana Mari se casó y se marchó a vivir a Madrid. Sin embargo, la historia de María Dolores iba a ser bien distinta. Pasó gran parte de su juventud cursando estudios en un internado de la localidad cántabra de Cóbreces, pero desde bien pequeña había sentido una gran atracción por el oficio familiar. Su padre intentó di­suadirla, explicándole lo sacrificado de la profesión, pero ella ya había tomado su decisión y nada iba a hacerle cambiar de idea. Con tan sólo 20 años, ya dominaba el oficio a la perfección.

Dos más tarde, en 1964, muere Juan Gómez, de modo que Loles quedaría al frente de la relojería junto a su madre. En 1967 se une en matrimonio con Luis Sán­chez Junco quien, además de atender al público, desempeñaría durante 40 años las funciones de grabador y administra­dor en la joyería.Desde entonces hasta ahora, son más de 48 primaveras las que Loles Gómez Cuen­de ha pasado a pie del cañón, y muchos los cambios que ha experimentado su profe­sión en todo este tiempo. "Cuando le con­taba a alguien que era relojera me decían que eso era imposible, que no existían", re­cuerda Loles, que fue pionera en un oficio tradicionalmente de hombres.También señala que "antiguamente, la relojería era mucho más clásica", refirién­dose a las piezas e, incluso, relojes enteros que su padre y su abuelo fabricaban. Entre ellos, el que aún marca las horas en el Café Pinín.

Confiesa que son sus clientes, a los que considera como "amigos", y el hecho de que sus tres hijos -Juan Luis, Alberto y Sergio- hayan continuado adelante con el negocio, sus principales satisfacciones.

Hay que señalar que todo su trabajo a lo largo de casi medio siglo de vida, y su gran contribución a la dignificación. de esta profesión, son factores que han sido valorados de manera muy especial por la Asociación de Joyeros, Relojeros y Plate­ros del Principado de Asturias.En diciembre de 2006, este organismo le concedía a Loles Gómez Cuende la in­signia de oro y brillantes, su máximo ga­lardón, que por primera vez recaía en una mujer,"Fue algo que me llenó de orgullo", re­conoce, "no sólo por lo que significa para mi, sino también por tratarse de un reco­nocimiento a tantos años de trabajo de toda mi familia".

Volviendo a sus hijos, todos ellos se mantienen vinculados, en mayor o menor medida, al negocio familiar. Juan Luis, el primogénito, es grabador, mientras que Sergio, el más joven de los tres, combina su trabajo como arquitecto técnico con la reparación de relojes. Al margen de la aportación de sus dos hermanos, Alberto es a día de hoy quien lleva el peso del establecimiento. Diplo­mado por la Universidad Europea en Jo­yería y Gemología, se formó como orfe­bre y joyero en el taller ovetense Pedro Álvarez, uno de los más prestigiosos que han existido en el país. Su especialización como técnico en diamantes, piedras pre­ciosas y perlas no solamente le permite llevar a cabo cualquier tipo de arreglo o tasación, sino también el diseño y fabrica­ción de cualquier tipo de joya que pueda ser imaginada, desde lo más básico a lo más costoso.

Joyeria Cuende Agustin Ibarrola

Además del trabajo clásico, donde desta­can sus exclusivas y artesanales colecciones con diamantes y piedras preciosas, Alberto también ha apostado muy fuerte por la innovación en los últimos años. Por un lado, con la transformación en alhaja de los em­blemas representativos de las fiestas llanis­cas, como es el caso del clavel de La Magdalena, las siemprevivas de San Roque y el nardo de La Guía.

Por otro, y tal vez sea este el apartado por el que más reconocida ha sido su labor, con toda su colección ba­sada en Los Cubos de la Memoria, la obra que el artista vasco Agustín Ibarrola plas­mó sobre la escollera del puerto llanisco. Su proyecto gustó desde el primer mo­mento tanto al Ayuntamiento local como al propio Ibarrola, que vio en ello una ma­nera de dotar de categoría aún más a su creación."Aunque el resto de la familia no las tenía todas consigo, yo creí desde el primer momento en la posibilidad de hacer algo bello a partir de Los Cubos de la Memoria", apunta Alberto, quien también asegura que, hoy en día "no solamente se han con­vertido un referente de la Villa de Llanes, sino también de Joyería Cuende".En este sentido, estamos en condiciones de asegurar que las novedades no acabarán aquí, ya que el establecimiento se ha volca­do durante los últimos meses en nuevos proyectos de cara a la celebración de este cien aniversario. Entre ellos, una colección de joyas que pronto saldrá a la luz con mo­tivos alusivos a todo este siglo de existencia y en la que, según aseguran los propietarios de Cuende, también se incluirán algunos destellos de Llanes.